Marta forma parte de una biblioteca sentimental

Para mí fueron Los Cuentos del Chiribitil. Esa colección publicada por el  que se distribuía semanalmente y que mis padres compraban en los kioscos del barrio. Ese fue mi primer acercamiento a la literatura. De todos esos volúmenes –más de 40– recuerdo especialmente dos: El mono doctor (de Guido Cinti, ilustrado por Tabaré) y El carretel de tía Iris (de Marta Giménez Pastor, ilustrado por Claudia Alché). Pero los recuerdo con lujo de detalles: el mono disfrazado de médico a punto de cortarle los pies a una señora dolorida, los chicos navegando un hilo de agua que inundaba el living. Formaba parte de un proyecto dirigido por Graciela Montes y coordinado por el mítico Boris Spivacow quien ya había marcado un antes y un después en la divulgación de la literatura infantil. Primero, en el 57 con su colección Bolsillitos y en el 68 con Los cuentos de Polidoro…”. – dice  Carolina Esses en este artículo de la revista Ñ (Clarín) sobre la tendencia de los libros álbum que combinan diseño, texto e imagnes.

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